Cine, Dientes y Dentistas

Web sobre la relación del cine con los dentistas, los dientes y el mundo de la odontología


Flor de cactus (Cactus Flower)

AÑO: 1969

INTÉRPRETES: Walter Matthau, Ingrid Bergman, Goldie Hawn

FOTOGRAFÍA: Charles Lang

MÚSICA: Quincy Jones

NACIONALIDAD: EE.UU

DURACIÓN: 103 minutos

cactus flower

Julian Wintston es un dentista cuarentón que va por la vida como un seductor. Su última pareja es una joven alegre y un poco infantil a la que ha hecho creer que está casado y tiene tres hijos. En su consulta trabaja como recepcionista una mujer sueca que lleva diez años desviviéndose por él y a la que Julian le va a pedir un favor que cambiará la vida de los tres.


Rostro Pálido (The Paleface)

AÑO: 1948

DIRECTOR: Norman Z.McLeod

INTÉRPRETES: Bob Hope, Jane Russell,  Robert Amstrong

FOTOGRAFÍA: Ray Rennahan

MÚSICA: Victor Young

NACIONALIDAD: EE.UU

DURACIÓN: 91 minutos

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Bob Hope interpreta  a un nervioso dentista, que se convierte en pistolero cuando se casa con Juanita Calamidad, una mujer valiente y acostumbrada a cuidarse a sí misma. Mientras él cree que le ha conquistado, para ella la boda con el dentista no será sino una tapadera para llevar a cabo sus planes y conseguir el indulto que le ha sido prometido por el gobierno.


Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña

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Cartel del 45º Festival de Cine Fantástico de Cataluña.

El pasado mes de octubre tuvo lugar, como todos los años, el Festival de Cine Fantástico de Cataluña. Nada menos que la 45ª edición. Es totalmente imposible ver todas las películas que allí se exhiben, ya que hay sesiones simultáneas en varias salas: Prado, Retiro y el auditorio del Hotel Meliá. Eso sin contar el espacio Brigadoon, que proyecta cortos todos los días en sesión continua.
Las sesiones comienzan a las 9 de la mañana y acaban entre las 4 y las 6 de la madrugada -del día siguiente, claro-. Son 20 horas de cine en cada sala, durante 10 días. Os dejo hacer el cálculo de las horas de exhibición de este ambicioso evento.
Cualquiera que se acerque por Sitges durante los 10 días que dura el Festival, solo verá una pequeña parte de lo que allí se ofrece. En cualquier caso, pasar unos días en esta hermosa ciudad, aprovechando
el puente del 12 de octubre, es una experiencia que merece la pena.
Entre la gran cantidad de posibilidades que ofrece este festival, se encuentran las películas dedicadas al público familiar. Este año tuvimos la oportunidad de ver la deliciosa Frankenweenie, de Tim Burton, y otro éxito que ya ha estado en las salas, Hotel Transilvania. Es un placer ver al Conde Drácula en el papel de padre de una dulce niña y ver cómo ésta va creciendo. Sus pequeños colmillos, lejos de dar miedo, hacen que Mavis, la adolescente hija de Drácula a punto de cumplir la mayoría de edad, con apenas 118 años, resulte aún más atractiva.
En el apartado de cine español podemos destacar Invasor y El Bosc, insufribles las dos. Y Lo imposible, de buena factura, que tanto éxito está teniendo en las salas.

ZOMBIS
De la sección Midnigth-X-Treme, merece la pena mencionar Dead Sushi, de Noburu Iguchi. La película es divertida y delirante: los sushis, aparentemente deliciosos, se convierten en asesinos; les crecen dientes y son ellos los que atacan y muerden a los que intentan comérselos. Lo cierto es que después de ver esto, y con el cansancio de tantas horas sin dormir, terminas pensando que ir a comer a un restaurante japonés es un deporte de riesgo.
Los que peor cuidada tienen la dentadura son siempre los zombis: dientes negros, sucios, torcidos, y en Sitges no solo se ven zombis en las películas. Se pueden ver “zombis de verdad” en la calle, el día 12 de octubre. Las sesiones de maquillaje son largas, pero merece la pena vivir esa experiencia: la ciudad
invadida por un ejército de zombis, que son los propios espectadores caracterizados para celebrar la ya tradicional Zombie walk.
Hasta ahora no hemos hablado de ninguna película de miedo, y esto hay que subrayarlo, ya que hay a quien no le gusta el cine de terror y, como muchas veces se asocia este Festival con ese tipo de películas, la gente se retrae y no se atreve a acudir.
Para estos, una película muy divertida que se proyectó fuera de competición es Seven Psychopaths,
de Martín McDoagh. El autor de Escondidos en Brujas nos deleita con una comedia llena de humor negro y algo salvaje. También A Fantastic Fear of Everything, de Crispian Mills y Chris Hopewell, y Wrong, de Quentin Dupieux, pueden hacer pasar una tarde entretenida
Y para los que buscan miedo, Sinister, de Scott Derrickson, es un título que no deben perderse. Por supuesto, en las apariciones de los niños, los dientes negros y repugnantes les confiere aún un carácter más terrorífico.
Para los amantes de la ciencia ficción, la película es sin duda alguna Looper, de Rian Johnson, que llenó en el festival de clausura. Antiviral, de Brandon Cronenberg, plantea también un futuro extraño y, aunque no llega al nivel de Looper, tiene materia para reflexionar.
Mención especial merece The weight, de Jeon Kyu-hwan. El protagonista de este filme coreano es un hombre que se encuentra mejor trabajando en la morgue, rodeado de cadáveres, que entre seres vivos. La vida de Jung lavando cuerpos y limpiando sangre discurre con tanta naturalidad que el espectador termina encontrando la belleza en ese universo donde todo es pobreza, muerte y suciedad.

CORONAS DE ORO
Este vivir al límite es lo que conduce a nuestro protagonista a extraer las piezas dentales con coronas de oro a los cadáveres. Asistimos a varias escenas donde le vemos con unos alicates sacando molares con mucha destreza. Y en otra escena vemos cómo lleva a un pequeño comercio el oro que ha ido sacando para venderlo. Sus muertos le ayudan a vivir…
Y por último solo me queda mencionar la película más premiada del Festival, Holy Motors, de Léos Carax, lo mejor sin duda, lo más sorprendente, con más ideas y que mantiene el interés, ya que dosifica la información de manera magistral. El guiño a nuestra profesión aparece cuando el protagonista se quita su primer disfraz de mendiga de algún país del Este. En el interior de la limusina aparece su pequeño camerino y vemos cómo se retira unas fundas de oro de atrezzo de sus incisivos que utiliza para dar verosimilitud al personaje…
En definitiva, una gran oportunidad para disfrutar de buen cine. Los amantes del séptimo arte ya estamos esperando Sitges 2013.


LA Pequeña Tienda de los Horrores de Frank Oz

AÑO: 1986 La_pequena_tienda_de_los_horrores-308245905-large

DIRECCIÓN: Frank Oz

INTÉRPRETES: Rick Moranis, Ellen Greene, Steve Martin, Vincent Gardenia, James Belushi, John Candy, Bill Murray, Miriam Margolyes, Christopher Guest

FOTOGRAFÍA: Bob Paynter

MÚSICA: Miles Goodman (Canciones: Alan Menken)

NACIONALIDAD: EE.UU

DURACIÓN: 94 minutos

Si cuando eres niño disparas a tus muñecos, envenenas a los peces de tu pecera y una de tus diversiones favoritas es matar gatos, es posible que tu vocación cuando crezcas sea dedicarte a la odontología. Esa es la filosofía que pregona la madre del dentista al que interpreta Steve Martin en La pequeña tienda de los horrores, una película dirigida en 1986 por Frank Oz, que en realidad es un remake de la que dirigió Roger Corman en 1960.
En La pequeña tienda de los horrores el dentista es el personaje negativo, el que viste cazadora de cuero, viaja en una Harley Davidson, no duda en drogarse incluso con el “gas de la risa”, maltrata a su novia y cae mal a todo el mundo. Sin embargo, sus maldades son tantas y su histrionismo tan acentuado que Steve Martin consigue componer uno de los dentistas más inolvidables de la historia del cine.
Su anfetamínico número musical es difícil de borrar de la memoria. Comienza cuando aparca la moto a la entrada de su consulta, continua con un largo travelling durante el que va torturando a todos los pacientes que se ponen a su alcance y finaliza en un pequeño altar erigido a su propia madre, la mujer que un día vaticinó: “Hijo mío, tienes talento para causar dolor, creo que algún día te pagarán por esa morbosidad. Serás dentista”.
Steve Martin canta y baila porque La pequeña tienda de los horrores es, en realidad, un musical. Pero, ya lo advierte su realizador haciendo un juego con su propio nombre, no nos hallamos en el mágico mundo de Oz. Estos son los barrios bajos y, aunque en realidad nos encontremos en el interior de unos estudios de cine británicos, aquí sobrevivir supone una dura pelea. La floristería donde transcurre la mayor parte de la acción no es precisamente un lugar apacible repleto de naturaleza y la consulta del dentista tiene más que ver con un túnel del terror que con un espacio en el que se protege la salud dental.

MASOQUISMO
En La pequeña tienda de los horrores, que protagoniza Rick Moranis -el pequeño Pablo de Los Picapiedra y el científico capaz de reducir a sus propios hijos en Cariño he encogido a los niños, el humor se cuela por las rendijas del sufrimiento y la naturaleza asoma en forma de planta carnívora que lo devora todo. Y es que estamos en el territorio de los hechos extraordinarios. Cómo si no explicar, y en esto sí coincide la película de Corman con la de Oz, a ese paciente que saca a relucir su masoquismo una vez ha tomado asiento en el sillón del dentista.
Curiosamente los dos actores que interpretan a ese personaje ansioso por sufrir cuentan con un espectacular curriculum actoral. Son Jack Nicholson, que realiza uno de sus primeros papeles en la película de Corman, y Bill Murray, que en la de Oz improvisa algunas de las frases que dice -o sería mejor decir que balbucea con la boca llena de algodones-, mientras admira el increíble instrumental que le va mostrando el odontólogo.
Oz rodó un final arrollador en el que Audrey II, la planta carnívora adquirida en la tienda de un vendedor chino y afectada por los efectos de un eclipse solar que hicieron de ella una especie de vampiro vegetal, terminaba devorándolo todo. Pero aquella conclusión apocalíptica no pareció entusiasmar a los espectadores que, a pesar de todo, eran capaces de cogerles cariño al cruel dentista, a la chica sufridora, al vendedor atolondrado y al ambicioso dueño de la floristería. Así que el mercado determinaría que Audrey II no podría salir victoriosa, aunque quién sabe qué pasará con esa pequeña Audrey III que se asoma desde los últimos fotogramas…


Charlie y la Fábrica de Chocolate

Charlie_y_la_fabrica_de_chocolate-369210884-largeAÑO: 2005

DIRECCIÓN: Tim Burton

INTÉRPRETES: Johnny Depp, Freddie Highmore, Helena Bonham Carter, David Kelly, Noah Taylor, Missi Pyle, James Fox, Deep Roy, Christopher Lee, AnnaSophia Robb, Jordan Fry, Philip Wiegratz, Julia Winter

FOTOGRAFÍA: Philippe Rousselot

MÚSICA: Danny Elfman

NACIONALIDAD: EE.UU

DURACIÓN: 116 minutos

La palabra tabú para Willy Wonka, el protagonista “adulto” de Charlie y la fábrica de chocolate, es “padre”. Y es que el padre del personaje que interpreta Johnny Depp en la película de Tim Burton es de los que dejaría huella en la mente de cualquier niño. Se trata del dentista más famoso de la ciudad, como él mismo se autoproclama, y sus métodos le llevan a colocar unas enormes fuerzas extraorales y aparatos a su hijo para corregir su maloclusión y de paso evitarle cualquier contacto con el mundo de las chucherías. Para él, las piruletas son brochetas de caries, los caramelos se pegan peligrosamente a los brackets y los dulces son monstruosidades de las que hay que alejarse.
El problema es que Willy es un niño mucho menos preocupado por su salud dental que por conseguir comerse una chocolatina. Así que la tragedia infantil está servida, y de ahí al trastorno psicológico sólo hay un paso, el que media entre encontrarse recogiendo entre las cenizas de la chimenea los caramelos que su padre le ha tirado al fuego y convertirse en el propietario de la mayor fábrica de chocolate de la historia.
Tim Burton (Sleepy Hollow, La novia cadáver, Alicia en el país de las maravillas, Frankenweenie) se acercó en 2005 al mundo del escritor británico Roald Dahl, autor de la novela Charlie y la fábrica de chocolate (1964), porque seguramente contenía todos los elementos por los que se ha sentido siempre atraído: fantasía, crítica social y unos personajes sobre los que verter su portentosa imaginación.
Los protagonistas son de carne y hueso, pero muy bien podían pertenecer al territorio del dibujo y la animación: una casita de cuento donde apenas caben Charlie, sus padres y sus cuatros abuelos, una enorme fábrica repleta de todos los dulces imaginables donde habita un chocolatero (Johnny Depp) con aspecto de roquero a lo Marilyn Manson -cuyo nombre se barajó para el papel-, junto a una colección de personajes difíciles de definir, conocidos como los Oompa Loompas, y cuatro niños ricos y mal educados -Augustus Gloop, el gordito con una dieta a base de carne y chocolate; Veruca Salt, la niña malcriada que siempre quiere más; Violet Beauregarde, masticadora de chicle y obsesionada por batir
récords, y Mike Teavee, un loco de los videojuegos-.

MUNDO FANTÁSTICO
El universo de Dahl estaba creado sin duda a la medida de Tim Burton. Por eso el realizador le pidió a su guionista, John August, que se olvidara de las adaptaciones que se habían hecho de la obra literaria y fuera directamente al origen para sacar de allí el mundo fantástico que él siempre reclama. A partir de ahí, Burton creó sus propios Oompa Loompas, unos decorados coloristas y unas coreografías repletas de imaginación.
La fábrica de chocolate de Willy Wonka podría ser un sueño fantástico pero, como pasa siempre con la sobreabundancia, se convierte en un cuento de terror para quienes solo se ven a sí mismos y en una jaula de oro para su creador. Solamente Charlie, el niño pobre y curioso se salva de esta quema generalizada. Él hace las preguntas claves a Willy Wonka: ¿Cómo era de pequeño? ¿Se acuerda del primer caramelo que se comió?, y es capaz de renunciar a lo que desea.
Pero, como de lo que se trata en la película es de padres, también habrá que mencionar al de Charlie, el señor Bucket, quien por cierto es el único que no acompaña a su hijo a la fábrica de chocolate, hasta donde el niño irá con su abuelo. La tecnología lo ha desplazado de su trabajo y una máquina le ha
sustituido en la fábrica de pasta de dientes Smilex -paralelismo paterno entre los padres de los protagonistas: un dentista y un fabricante de pasta de dientes, ambos defensores de la salud dental-.
Charlie y la fábrica de chocolate está repleta de referencias bucodentales para analizar. Tan solo recordar cómo el anciano señor Wonka (Christopher Lee) no reconoce a su hijo hasta que lo tiene sentado en el sillón de su consulta y observa su dentadura: “No he visto unos premolares como estos…. ¡Willy!”.